10 de febrero de 2014

Algo así como el mejor trabajo del mundo


"Elige un trabajo que te apasione y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida".

Os suena, ¿no? Yo una vez tuve el mejor trabajo del mundo. Bueno... casi.
Cuando era pequeña quería ser cantante, actriz y, seguramente, princesa. Pero la primera vez que pisé un campamento de verano nació en mí una nueva vocación. Ir a un campamento era algo así como ir a Disneyland. Sabías que durante quince días te lo ibas a pasar teta, haciendo un montón de amigos, practicando deportes nuevos, jugando a cosas divertidísimas y pasando a vivir en una comunidad aislada del mundo exterior, formada por gente muy diferente a ti pero con un objetivo común: disfrutar al máximo del verano y volver a casa con mil y una anécdotas que contar.

Pero si algo me llamaba la atención de todo esto, eran esos simpáticos adultos que, día tras día, estaban al pie del cañón, cantando, bailando y sonriendo por nosotros desde las ocho y media de la mañana, hora en que sonaban por el megáfono las canciones de King Africa a modo de despertador. ¡Qué energía! No eran como mis padres y tampoco eran como mis profesores: eran una mezcla de ambos y suscitaban en mí un cariño y un respeto increíbles. Nos enseñaban, nos cuidaban y nos daban caña en la medida justa para que nos volviéramos cada año un poco más "mayores". Recuerdo cada bronca y cada momento de afecto. Les importábamos y se notaba; se notaba que hacían su trabajo con cariño y dedicación, incluso un niño de diez años podía darse cuenta. 

Les admiraba y por eso supe desde el primer momento que quería ser como ellos. Me informé acerca de qué había que estudiar para ser uno de esos adultos molones. Mi misión no sería otra que conseguir que un gran número de niños pasasen las mejores semanas de sus vidas. Y al cabo de los años conseguí mi título y conseguí ese trabajo tan genial y me dieron ganas de volver al pasado y chocarme las cinco. Es lo bueno de tener sueños bastante alcanzables...

La primera vez que trabajas en un campamento después de haber pasado tu infancia en ellos, la sensación es curiosa; estás al otro lado del escenario. De repente los días no parecen tan cortos y cada hora está cargada de trabajo; las actividades no pueden elegirse al azar, tampoco los juegos; el terreno ya no es un puñado de hierbajos sino la amenaza de posibles heridas e incidentes; cambias la despreocupación por una total dependencia de las condiciones climatológicas y desaparecen las ganas de explorar en medio de la noche dando lugar a una imperiosa necesidad de dormir. Sólo dormir. Cerrar los ojos y dormir. Y por este último detalle he puesto el "casi" al principio del artículo. Yo, que necesito ocho horas de sueño para ser persona, estoy segura de que la única razón por la cual he sobrevivido es porque adoraba lo que hacía.

Pasar el día al aire libre es un privilegio, sobre todo cuando estás en Galicia. Respirábamos aire puro nada más levantarnos y la primera actividad que hacíamos era bailar y estirarnos bien, para empezar la jornada con las pilas cargadas. Desayunábamos, comíamos y cenábamos todos juntos y aunque el sonido de cien personas hablando a la vez es algo molesto, fue una de las cosas que más eché de menos al terminar. Nos pasábamos el día haciendo teatro, cantando, riendo y haciendo manualidades. También dando sermones, cuando era necesario, a esas personitas que estaban a nuestro cargo. Nos duchábamos cada mañana pero llegábamos a la noche llenos de polvo y tierra, eso sí, habiéndonos divertido mucho. Nos divertíamos tanto o más que ellos. Y nos estrujábamos el cerebro para tener siempre una historia que contar, un personaje al que interpretar y una nueva lección que pudiéramos esconder en el siguiente juego. Se podía decir que me "dolía" la imaginación de tanto usarla, pero me sentía más viva que nunca. Y me pagaban.

Si os gustan los niños, la naturaleza y las actividades artísticas o deportivas, estaréis de acuerdo conmigo en que éste es el mejor trabajo de verano del mundo. Y si además os tocan unos compañeros como los míos, de los que tanto aprendí, no podéis pedir más. Es agotador, pero merece la pena. Y hoy, en pleno invierno, solo puedo recordarlo con una gran sonrisa y con la esperanza de volver a repetir esta experiencia muy pronto. Porque la vida pirata, es la vida mejor...

25 comentarios:

  1. Cuánta pasión resipra este post! Me alegro de leer algo así y de que ambas estemos en el camino de lo que nos hace feliz, y que no es demasiado diferente, porque al fin y al cabo, ambas buscamos, entre otras cosas, aprender y enseñar, observar y servir de modelo, y trabajar con personas que todavía tienen mucho por delante y mucho que dar y en las que tenemos cierta influencia. Espero verte pronto, como hemos hablado, en mayo, y podremos compartir momentos de entusiasmo hablando de estas cosas :)

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    1. ¡Esperemos que la pasión y el entusiasmo nos duren mucho tiempo!

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  2. Me identifico totalmente con tus experiencias!!! Yo también, después de 7 años seguidos de ir a campamentos decidí sacarme el título y estar 'al otro lado' y coincido contigo en que la experiencia fue increible a pesar de que también ves las cosas de otra forma, pero ves a los niños, las cosas que hacen, lo bien que se lo pasan, la primeras aventuras y los amores de verano y solo puedes sonreir pensando :'como los entiendo'.
    Por cierto, la foto es de Virxe de Loreto? Ahí fue donde hice yo el curso y las prácticas y admas a ese campa le tengo un cariño especial porque con 13 años conocí al que ahora es mi novio (sí, ese amor de verano xD)

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    1. Gracias por participar en el blog, Eva. La foto es en A Espiñeira (Boiro).

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  4. Me encanta el post! Me siento súper identificada. Yo he estado en campamentos de verano desde los 9 a los 19, primero como acampada y luego como monitora, y no cambiaría esos veranos por nada del mundo. Todo lo que transmites en este artículo es verdad. Me gusta mucho.

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    1. Me alegro de que te sientas identificada y de ver que somos tantos con el mismo sentimiento ;)

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  5. Genial.Tienes toda la razón del mundo. Vivir esa maravillosa burbuja de unas semanitas de donde te llevas personas y experiencias inolvidables. Ojalá todo el mundo lo viviera con la misma pasión que tú,esa es la idea. Saludos :)

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    1. Es como el País de Nunca Jamás, ¿verdad? :)

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  6. Noraboa por desfrutar así "do outro lado".

    P.D: eu voto porque a foto é en Espiñeira....sen cancelas, con teatro....

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  7. HOLA!!!! tengo 24 años y desde los 8 estoy en un grupo scout de Zaragoza. Este artículo me ha recordado grandísimos momentos, los recuerdos son inolvidables y hacen muy difícil dejarlo, es como una droga sana que llena tu vida de sentido y alegría. De verdad, muchas gracias por este artículo Andrea

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    1. Gracias a todos vosotros por hacerme saber que no soy la única que lo vive de esta manera tan especial.
      ¡Un abrazo!

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  8. Fue divertido, no lo olvidaré....
    De:LA BRUJA BUENA PERO RECICLADORA....

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    1. Espero que esté siempre en tu recuerdo, Marta :)

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  9. qué título te sacastes para ahcer este trabajo??

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    1. En España es necesario contar con el título de monitor de actividades de ocio y tiempo libre, que consta de 200 horas teóricas y 200 horas de prácticas. Yo lo saqué con la Escuela de Tiempo Libre Fervenza.

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  10. +1 +1 +1 +1 +1 !!! genial y sensacional! justo me ha pillado intentando recordar todo lo que ocurrió, e hicimos ocurrir, en un campa, redactando la memoria de mis practicas de dire. Tantísimas cosas en solo 12 días. Que ganísimas de repetir este verano!! Ganísimas de trabajar... a quen se lle conte...

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    1. Eso es lo que hace falta en esta sociedad, gente con ganas de trabajar... De trabajar por cambiar las cosas y la mentalidad!!

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  11. A la autora, de un dire, que sin duda disfruto de este verano pasado, aun durmiendo menos que tu jaajjaa
    La foto es de espiñeira y como espiñeiranos que somos no podemos dejar de sonreir al leer estas pequeñas reflexiones. Brindo por ti y por un verano que nunca acaba, pues en mi caso, siempre estan presentes "los campas" y sus historias en un invierno frio que se llena de calor al recordar esas historias de esos locos bajitos.

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    1. "Un verano que nunca acaba", lo has clavado, dire ;-)
      Muchos besos

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  12. Soy madre de una campista. En estos momentos està en As Sinas. Es su último año y va desde los 10. El año pasado volvió diciendo que en cuanto tuviera 18 años quería sacarse el título de monitor de tiempo libre para poder seguir yendo a los campas durante los veranos en que estudie la carrera. Por supuesto la animo a que lo haga. Como cualquiera, cuando la llevo, pienso "quien tuviera 17 años y poder quedarme aquí". Como madre, veo todo lo bueno que les aportan estas experiencias: compañerismo, autosuficiencia, respeto, cariño, empatía, amistades para recordar, expíritu aventurero, pasión por los deportes de aventura,por el entorno. .. y muchas más, y todo eso se aprende divirtiendose.
    Gracias monitores por cuidar tan bien de nuestros niños y enseñarles tantas cosas de las que seguro ni siquiera sois conscientes de cuanto les enseñais. Estas son las experiencias que forjan el carácter y la muesta sois vosotros que después de vivirlo como campistas quereis vivirlo como monitores.

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    1. Estoy de acuerdo, estas experiencias les hacen crecer mucho, y también nos hacen crecer a nosotros como personas. Es un trabajo muy gratificante.
      Un abrazo

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